
La Marca de Azrael
By Carmen Fuentes
vampire · 2026-04-23
Darío, un vampiro ancestral, despierta para encontrar a Luciana, la mujer que ama, a punto de ser sacrificada por una secta de fanáticos religiosos. La secta busca invocar a Azrael, el ángel de la muerte, a través de un ritual que involucra la sangre de Luciana. Darío deberá rescatarla antes de que la secta consume el sacrificio, pero es interrumpido por el líder de la secta.
Capítulo 1
La Marca de Azrael
El olor a sangre me despertó antes que el dolor. Un aroma denso, metálico, embriagador, inundaba la cripta. Abrí los ojos, la vista nublada, y distinguí las figuras encapuchadas danzando alrededor del altar de piedra. Susurros en una lengua muerta, cantos de adoración… y en el centro, ella. Atada, indefensa, con la túnica blanca manchada de un carmesí que se extendía como una flor macabra.
Era Luciana. Mi Luciana. Y esos… esos eran los Devoradores, la secta maldita que juró destruir a mi linaje.
Me arrastré fuera del sarcófago, el cuerpo entumecido por siglos de letargo. La sed me quemaba la garganta, un fuego ancestral que exigía sangre, venganza. Pero primero, Luciana. Tenía que llegar a ella, arrancarla de las garras de esos fanáticos antes de que… antes de que la Marca de Azrael se completara.
El Gran Salón de la Hacienda Montenegro, una vez un símbolo de poder y opulencia, ahora era un reflejo de mi decadencia. Telarañas colgaban de los candelabros de cristal, el polvo cubría los muebles antiguos, y un silencio sepulcral lo envolvía todo. Desde mi… transformación, la luz del sol era mi enemiga, y la hacienda mi refugio, mi prisión.
Luciana y yo nos conocimos en el pueblo de San Sebastián. Yo, un extranjero misterioso, ella, la hija del boticario, con ojos color miel y una sonrisa que iluminaba la plaza. Su inocencia era un faro en mi oscuridad, una promesa de redención que sabía que nunca podría alcanzar. Pero la amaba. La amaba con la desesperación de un condenado, con la certeza de que su luz me quemaría hasta las cenizas.
Los Devoradores… los he estado cazando durante décadas, eliminando sus células una por una. Creen que al sacrificar a una descendiente de mi sangre, podrán invocar a Azrael, el ángel de la muerte, y desatar una plaga sobre el mundo. Están locos. Desquiciados. Y ahora, tienen a Luciana.
Me moví entre las sombras, la velocidad aumentada por mi naturaleza vampírica. Los Devoradores estaban tan absortos en su ritual que no notaron mi presencia. El líder, un hombre corpulento con una cicatriz que le cruzaba el rostro, levantó un cuchillo de obsidiana. La hoja brillaba a la luz de las velas, un presagio de muerte.
Justo cuando iba a saltar, una voz resonó en la cripta, una voz que heló la sangre en mis venas.
—Detente, Darío. No querrás que tu amada sufra más de lo necesario, ¿verdad?