Rechazada por el Alfa

Rechazada por el Alfa

By Isabel Quiñones

werewolf · 2026-04-23

Ximena, hija del Alfa Maximiliano, es rechazada por su compañero destinado, Gael, el Alfa heredero de la manada Colmillo Blanco. El rechazo la deja devastada y humillada frente a su manada. Su padre le revela que Gael no fue el único en rechazarla, dejando su futuro y el de su manada en la incertidumbre.

Capítulo 1

El Aroma Amargo del Rechazo

El olor a sangre y derrota aún impregnaba el aire cuando abrí los ojos. La luna, una cicatriz plateada en el cielo nocturno de los Andes, iluminaba los cuerpos caídos de los guerreros de mi manada, la manada Carla Negra.

Yo, Ximena, hija del Alfa Maximiliano, yacía entre ellos, el sabor metálico de la sangre en mi boca, el corazón latiendo con fuerza dolorosa. No eran las heridas lo que me quemaba por dentro, sino el rechazo.

Había cumplido dieciocho años, la edad en que todo lobo encuentra a su compañero destinado. Había esperado a Gael, el Alfa heredero de la manada Colmillo Blanco, el hombre que creía que era mi otra mitad. Habíamos crecido juntos, entrenado juntos, compartido sueños bajo el mismo cielo andino.

Pero cuando lo vi, bajo la luz temblorosa de la luna llena, supe que algo andaba terriblemente mal. Sus ojos, siempre cálidos y dorados cuando me miraban, ahora eran fríos, grises como la piedra. No sentí la unión, la chispa, la certeza que todos los lobos describen. Solo un vacío gélido.

Y entonces, lo escuché. Su voz, grave y resonante, rompiendo el silencio de la noche. “Yo, Gael, Alfa heredero de la manada Colmillo Blanco, rechazo a Ximena como mi compañera destinada.”

Las palabras me golpearon como un puñal. El dolor físico de la batalla se desvaneció ante la agonía en mi alma. El rechazo de un compañero es una herida que ningún lobo puede curar por completo, una cicatriz que se lleva en el alma por siempre. La manada Colmillo Blanco se retiró, dejándonos con nuestros muertos y mi humillación.

Mi padre, con la mandíbula apretada, me levantó. Sus ojos, normalmente llenos de orgullo, estaban ahora nublados por la decepción. Me llevó de regreso a la casa de la manada, un camino que se sentía más largo y tortuoso que nunca.

Ahora, estoy encerrada en mi habitación, el silencio resonando a mi alrededor, amplificando mi dolor. Un golpe suave en la puerta me saca de mi ensimismamiento. Es mi padre. “Ximena,” dice, su voz cargada de un peso que nunca antes había escuchado, “Tenemos que hablar. Sobre tu futuro... y sobre el futuro de la manada Carla Negra.” Sus ojos se posan en los míos con una seriedad inusual. “Gael no fue el único que te rechazó esta noche.”

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