Grietas entre Mundos

Grietas entre Mundos

By María Vicens

fantasy · 2026-04-23

Jimena Carmen, una joven con el don de sentir las grietas entre mundos, vive en el aparentemente tranquilo pueblo de Villa Florencia. El amuleto de obsidiana que lleva al cuello le advierte de la inminente apertura de un portal en la panadería local. Un misterioso hombre emerge del portal y la reclama como la "Elegida", anunciando que el velo entre mundos se ha roto.

Capítulo 1

El Susurro del Amuleto de Obsidiana

El olor a pan recién horneado y jazmines inundaba la panadería de Doña Gloria, pero para Jimena Carmen, era el presagio de algo mucho más inquietante. Cada vez que ese aroma se intensificaba, los temblores comenzaban. No temblores de tierra, sino en el tejido mismo de la realidad.

Jimena Carmen, con sus diecisiete años y un don tan inusual como peligroso, intentaba ignorar la creciente vibración que emanaba del amuleto de obsidiana que siempre llevaba colgado al cuello. El amuleto, herencia de su abuela, era la única pista que tenía sobre su pasado y la extraña habilidad de «sentir» las grietas entre mundos.

Vivía en el pequeño pueblo montañoso de Villa Florencia, un lugar donde la magia era un susurro en la brisa y las leyendas se contaban al calor de la chimenea. Pero Jimena Carmen sabía que esas leyendas eran reales. La prueba era la panadería de Doña Gloria, un portal disfrazado de horno de leña. Y ella, aparentemente, era la única capaz de percibirlo.

Doña Gloria, con su eterna sonrisa y manos cubiertas de harina, le ofreció una empanada caliente. "¿Todo bien, Jimena Carmen? Te veo pálida hoy." Su voz era dulce, pero Jimena Carmen notó una sombra de preocupación en sus ojos.

"Sí, Doña Gloria. Solo un poco de dolor de cabeza," mintió Jimena Carmen. No podía confesarle a nadie que sentía el mundo a punto de romperse. No otra vez. La última vez que había ignorado la señal, un perro callejero había desaparecido y la gente del pueblo juraba haber visto sombras danzando en el bosque.

Mientras mordía la empanada, el amuleto vibró con más fuerza. La imagen de una puerta se formó fugazmente en su mente. Una puerta hecha de luz y sombras, que daba a un lugar desconocido. Un lugar que la llamaba con una voz silenciosa pero insistente.

De repente, el suelo tembló. No como un terremoto, sino como si algo inmenso estuviera tratando de abrirse paso. Las estanterías de la panadería crujieron y el horno de leña, el corazón mismo del portal, comenzó a brillar con una luz cegadora.

Doña Gloria gritó. "¡Jimena Carmen, corre! ¡No hay tiempo!" Señaló hacia el horno, donde la puerta de luz y sombras se había materializado por completo. Era una invitación, una advertencia y una sentencia. Alguien o algo la esperaba al otro lado.

Pero antes de que Jimena Carmen pudiera siquiera reaccionar, una figura emergió de la puerta. No era un monstruo ni un demonio, sino un hombre vestido con ropas extrañas, cubiertas de polvo y adornadas con símbolos que Jimena Carmen reconoció vagamente del amuleto. Sus ojos brillaban con una intensidad febril mientras la señalaba con un dedo huesudo.

"¡Por fin te encuentro, Elegida!", gritó el hombre con una voz que parecía venir de las profundidades de la tierra. "El velo se ha roto. Ahora debes venir conmigo. ¡No hay tiempo para explicaciones!"

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