Marca de Sangre

Chapter 2 — El Sabor de la Sangre Lunar

El aire vibró con una tensión eléctrica, palpable como el calor que emanaba de los cuerpos presentes en el Gran Salón de Blackwood Mansion. La ceremonia de presentación, que debía ser un mero formalismo de sumisión, se había fracturado en mil pedazos con el rugido primigenio que escapó de la garganta de Ximena. Sus ojos, antes rebosantes de un miedo servil, ahora ardían con una furia nueva, una autoridad innata que heló la sangre incluso de los lobos más veteranos. La marca de la Luna Herida, un símbolo de poder ancestral y maldición, palpitaba con una luz plateada bajo su piel, un faro que la identificaba no como una simple Omega, sino como algo mucho más peligroso.

Ethan Blackwood, el Alpha Supreme, permanecía inmóvil en su trono, una estatua tallada en obsidiana y poder. Sus ojos dorados, acostumbrados a escrutar la debilidad y la fuerza, se clavaron en Ximena con una intensidad que la hizo temblar, no de miedo, sino de una resonancia desconocida, un tirón visceral que la ataba a él de una forma que desafiaba la lógica y el orden establecido. El vínculo del compañero, el hilo invisible que los dioses tejían entre almas predestinadas, se había anudado con una fuerza brutal, enredando sus destinos en un torbellino de poder y deseo. El olor a sangre lunar, un aroma dulce y salvaje que solo los elegidos podían percibir, inundó sus sentidos, mezclándose con el aroma almizclado y dominante de Ethan.

“Imposible…” Susurró Damon, el Beta de Ethan, su rostro una máscara de incredulidad y calculada frialdad. Había estado a su lado durante siglos, sirviendo al Alpha Blackwood con una lealtad inquebrantable, y nunca había presenciado algo así. La presentación de una Omega desdentada como él, para ser designada como Alpha, era una afrenta a la naturaleza misma, una anomalía que amenazaba con desestabilizar el frágil equilibrio de poder que Ethan había impuesto.

Selena, que se había mantenido cerca de Ximena, su amiga y protectora, sintió un escalofrío recorrer su espalda. La transformación de Ximena era asombrosa, aterradora y, de alguna manera, liberadora. La debilidad que había conocido su amiga había desaparecido, reemplazada por una fuerza que ahora la igualaba, quizás incluso la superaba, al Alpha Supreme. Pero esa fuerza venía con un precio, un destino escrito en la sangre de la Luna Herida, un camino sembrado de peligros y sacrificios.

Ximena se irguió, su cuerpo aún vibrando por la energía desatada. El salón entero se había quedado en un silencio sepulcral, roto solo por el latido frenético de su propio corazón. Miró a Ethan, sintiendo la corriente que fluía entre ellos, un río de poder indómito que amenazaba con arrastrarlos a ambos. Su instinto le gritaba que huyera, que se escondiera de esa magnitud de poder, pero el vínculo del compañero la anclaba, la reclamaba.

“¿Qué eres?” La voz de Ethan rompió el silencio, profunda y resonante, cargada de una autoridad que hacía temblar los cimientos del mundo. No era una pregunta de curiosidad, sino una exigencia, un desafío. Había sentido la marca de la Luna Herida en ella, la leyenda que se susurraba en los rincones oscuros de las manadas, el presagio de un poder capaz de derrocar a los más fuertes.

Ximena dio un paso adelante, ignorando la advertencia silenciosa de Selena. El miedo se había disipado, reemplazado por una determinación nacida de la necesidad. Ella era una Alpha ahora, no por elección, sino por destino. Y ese destino la unía a este hombre, a este Alpha Supreme que la miraba como si fuera un enigma a resolver, una amenaza a neutralizar o, quizás, algo más… algo que temía reconocer.

“Soy la que el destino ha elegido,” respondió Ximena, su voz firme, despojada de la timidez de Omega. “Y tú, Alpha Supreme, eres mi compañero.”

Las palabras cayeron como bombas en el salón silencioso. Damon dio un paso hacia adelante, su mano instintivamente yendo a la empuñadura de su espada. La audacia de la Omega, ahora Alpha, era insultante. Ethan levantó una mano, deteniendo a su Beta, sus ojos fijos en Ximena, una tormenta de emociones indescifrables arremolinándose en su interior. El vínculo del compañero era una fuerza innegable, un ancla que los ataba, pero también una fuente de conflicto potencial. Ella era una Alpha nacida de la profecía, una anomalía que desafiaba su control. Y él, el Alpha Supreme, no estaba acostumbrado a compartir el poder, ni el destino.

De repente, un grito agudo resonó desde las sombras de un balcón superior. “¡No puedes ser su compañera! ¡Eres una traidora!”

Todos los ojos se volvieron hacia la fuente de la voz. De entre la penumbra emergió una figura femenina, su rostro oculto por el velo oscuro de una capa, pero su aura de poder era innegable. Era una lobo de linaje antiguo, su presencia irradiaba una magia prohibida, una que Ximena reconoció vagamente de los susurros y las leyendas que su abuela le contaba en secreto. La mujer avanzó con una gracia depredadora, su mirada clavada en Ximena, una mezcla de odio y un reconocimiento aterrador.

“La Luna Herida no trae más que destrucción. ¡Ella es el fin de todo lo que conocemos!” La figura misteriosa levantó una mano, y un aura oscura comenzó a envolverla. “¡Ethan, debes destruirla antes de que sea demasiado tarde!”

Ximena sintió una oleada de energía oscura dirigirse hacia ella, una fuerza maligna que amenazaba con extinguir la luz de su propia transformación. El vínculo con Ethan se tensó, un tirón desesperado que la atraía hacia él, mientras la energía oscura buscaba aniquilarla. Ethan, por su parte, dio un paso hacia adelante, su cuerpo posicionándose entre Ximena y la atacante, pero su rostro mostraba una vacilación aterradora, una lucha interna que Ximena no podía comprender.

La atacante lanzó un grito de furia, y un rayo de energía negra salió disparado de su mano, directo hacia el pecho de Ximena. En ese instante de terror puro, Ximena vio la verdad reflejada en los ojos dorados de Ethan, una verdad que la congeló. Él no se movía para protegerla. Se movía para contener a la atacante, pero su instinto primario, su control sobre el vínculo, estaba extrañamente ausente. La energía negra se acercaba, imparable, y Ximena sintió que su recién nacida fuerza de Alpha se disipaba como humo ante la magnitud de la amenaza.

Justo cuando el impacto era inminente, una sombra se movió con una velocidad antinatural, interponiéndose entre Ximena y el ataque. Un grito de dolor ahogado resonó en el salón, y Ximena vio caer una figura delante de ella, bañada en la pálida luz de la Luna Herida. Era Ethan. Él había tomado el golpe por ella.

"Ethan..." El nombre escapó de los labios de Ximena como un susurro roto, mientras veía la sangre oscura manchar el pecho de su compañero, el hombre que ahora estaba irrevocablemente atado a ella.

La atacante se echó a reír, un sonido cruel y triunfal. "Ahora, ¿quién es la Omega inútil?" Con esas palabras, se desvaneció en las sombras tan rápido como había aparecido, dejando tras de sí un rastro de caos y el olor a magia negra.

Ximena se arrodilló junto a Ethan, su corazón latiendo salvajemente contra sus costillas. La marca de la Luna Herida en su propia piel ardía con una intensidad dolorosa, reflejando el daño infligido a su compañero. La sangre de Ethan, oscura y viscosa, manchaba su túnica de Alpha Supreme. ¿Había llegado a ser su Alpha solo para verlo morir? ¿O era este el comienzo de algo mucho más oscuro y complejo de lo que jamás imaginó?